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PERU Vs SUECIA: CUANDO EL CREDITO SOBRA

El Perú cerró su camino hacia su reencuentro con la Copa del Mundo con un notable empate de visita sin goles ante Suecia en Göteborg, una de las ciudades con menor uso remanente de dinero en efectivo en el planeta. Respaldada por un invicto de quince partidos en las espaldas, la blanquirroja deja claro que llegará a Rusia a competir.

Todo cuesta en Göteborg, la segunda ciudad más grande de Suecia, por lo que algo tan valioso si sólo se lo mirara desde lo estadístico como un empate sin goles ante un seleccionado cuatro veces semifinalista de los mundiales no puede ser menospreciado. El baño público, por ejemplo, exige un pago de 10 coronas suecas (alrededor de 1 euro); las bolsas plásticas que acompañan cualquier compra, de 3.5 coronas cada una (0.35 euros).

Más interesante todavía es que para sacar el 0-0 del estadio Ullevi —aquel donde Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ marcara frente a Gales su primer gol en mundiales, suceso histórico del que en diez días más se cumplirán seis décadas exactas— el Perú haya podido pagar en efectivo: en sólido juego contante -constante- y sonante. Porque en Göteborg todo se paga con tarjeta, incluso esas 10 coronas suecas para atender alguna emergencia en el baño. Las ranuras con lectoras ópticas están en todas partes y son necesarias para una gaseosa o un caramelo. El cash no existe, porque si bien es una costumbre hoy extendida a toda Suecia el pago con tarjeta en general —el Riksbank, el banco central sueco, estima que sólo el 20% de transacciones en todo el país se sigue manteniendo en efectivo, principalmente por parte de la población mayor de 65 años—, en Göteborg en particular esa proporción equivale al total dado que es una ciudad preeminentemente universitaria.

La blanquirroja soportó, pues, con eficiencia la tromba de los ágiles y fuertes futbolistas suecos. Un equipo muy disciplinado tácticamente, sobre todo en mediocampo, que exigió al Perú al recortarle los espacios al máximo. Es tan trabajador en materia de recuperación de balón Suecia que sus volantes ofensivos, Viktor Claesson y el talentoso Emil Forsberg, acaban trajinando tanto o más que los mediocampistas centrales en labores de marca cuando el equipo no tiene el balón. World Soccer, la revista anglosajona más autorizada del planeta en materia futbolística, remarca en su edición especial premundialista que el elenco dirigido por Jane Andersson es uno de los que mejor acude en el mundo hoy en búsqueda del “segundo balón”: es decir, no al que se arrebata al rival en primera instancia, sino a aquel que se recupera en segundo término después de haberse perdido previamente.

 Todo cuesta en Göteborg, la segunda ciudad más grande de Suecia, por lo que algo tan valioso si sólo se lo mirara desde lo estadístico como un empate sin goles ante un seleccionado cuatro veces semifinalista de los mundiales no puede ser menospreciado. El baño público, por ejemplo, exige un pago de 10 coronas suecas (alrededor de 1 euro); las bolsas plásticas que acompañan cualquier compra, de 3.5 coronas cada una (0.35 euros).

Más interesante todavía es que para sacar el 0-0 del estadio Ullevi —aquel donde Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ marcara frente a Gales su primer gol en mundiales, suceso histórico del que en diez días más se cumplirán seis décadas exactas— el Perú haya podido pagar en efectivo: en sólido juego contante -constante- y sonante. Porque en Göteborg todo se paga con tarjeta, incluso esas 10 coronas suecas para atender alguna emergencia en el baño. Las ranuras con lectoras ópticas están en todas partes y son necesarias para una gaseosa o un caramelo. El cash no existe, porque si bien es una costumbre hoy extendida a toda Suecia el pago con tarjeta en general —el Riksbank, el banco central sueco, estima que sólo el 20% de transacciones en todo el país se sigue manteniendo en efectivo, principalmente por parte de la población mayor de 65 años—, en Göteborg en particular esa proporción equivale al total dado que es una ciudad preeminentemente universitaria.

La blanquirroja soportó, pues, con eficiencia la tromba de los ágiles y fuertes futbolistas suecos. Un equipo muy disciplinado tácticamente, sobre todo en mediocampo, que exigió al Perú al recortarle los espacios al máximo. Es tan trabajador en materia de recuperación de balón Suecia que sus volantes ofensivos, Viktor Claesson y el talentoso Emil Forsberg, acaban trajinando tanto o más que los mediocampistas centrales en labores de marca cuando el equipo no tiene el balón. World Soccer, la revista anglosajona más autorizada del planeta en materia futbolística, remarca en su edición especial premundialista que el elenco dirigido por Jane Andersson es uno de los que mejor acude en el mundo hoy en búsqueda del “segundo balón”: es decir, no al que se arrebata al rival en primera instancia, sino a aquel que se recupera en segundo término después de haberse perdido previamente.

Por eso, el Perú tuvo dificultades para elaborar juego en el Ullevi a través de André Carrillo y Christian Cueva —este último ahora tirado por izquierda, dada la titularidad de Jefferson Farfán y la suplencia de Édison Flores—. Ambos, con espacios muy cerrados, acabaron siendo más bien destinatarios de pases largos para veloces contragolpes. Y en este punto cabe destacar que, una vez más en el ciclo de Ricardo Gareca, la blanquirroja tuvo un plan B: aquel que pasó por la confirmación de Renato Tapia no sólo como mariscal de campo sino como primer distribuidor de balones, y de Yoshimar Yotún como administrador de un pase largo insuperable.

A Yotún, además, se le sumó con felicidad un socio por banda izquierda en este paso por Göteborg. Miguel Trauco, quien en los últimos amistosos había acusado los estragos del poco rodaje que tiene en su club, Flamengo —en el que ha sido relegado al banco de suplentes—, se puso el overol de lanzarse al ataque cada vez que pudo y fortaleció mucho su banda. Con Cueva opacado, el binomio Trauco-Yotún fue el responsable de las principales llegadas peruanas al arco defendido por Robin Olsen, más allá de que haya sido finalmenteJefferson Farfán quien haya estado más cerca de anotar o que Paolo Guerrero no pudiera hacer ante los robustos zagueros Thomas Lindelöf y Andreas Granqvist la diferencia física que sí consigue contra rivales sudamericanos —un patrón que se repetirá, con certeza, contra los daneses Andreas Christensen y Simon Kjaer—, por lo que el ‘Depredador’ acabó siendo dependiente de ese pase limpio que nunca le llegó.

En ese contexto, el Perú fue prudente y dejó que el reloj hiciera su trabajo. No para custodiar un resultado —en amistosos es lo que menos interesa—, sino para que Suecia fuera viendo cómo su dominio aparente degeneraba en monotonía para buscar ese gol que nunca llegó. El equipo nórdico, que clasificó el Mundial a costa de Italia sobre la base de un brillante planteo defensivo, acusa crisis de cara al otro arco y no anota hace tres partidos. Ante la blanquirroja buscó romper la racha con repetitivos centros hacia las cabezas de Marcus Berg y Ola Toivonen, sus dos referentes de área, y pese a que ambos supieron llegar a ganarles la posición a Alberto Rodríguez y Christian Ramos en algunas ocasiones, en general los centros les llegaron demasiado pasados y no pudieron cabecear nunca con comodidad hacia el arco de Pedro Gallese.

En ese sentido, lo que al Perú le vale anotar tras haber completado el camino premundialista es que su punto débil, desde hace mucho tiempo y hasta ahora, es el que viene dado por los centros al área propia. El único gol que la blanquirroja ha recibido este año, obra del islandés Jón Gudni Fjóluson en el amistoso jugado en Harrison en marzo, llegó por esa vía. Pero el principal problema no es que al Perú le cabeceen en el área, pues Rodríguez y Ramos hacen todo lo que pueden para batirse y muchas veces salen airosos. El tema pasa, sobre todo, por la facilidad con que le envían centros desde los costados, y esto tiene que ver con laterales como Luis Advíncula, Aldo Corzo —quien esta vez no ingresó— o el mencionado Trauco que atacan mejor que lo que marcan.

Esa última podría ser la única preocupación definida que deje el magnífico saldo de quince partidos sin derrotas y un empate obtenido en una ciudad acostumbrada al ritmo frenético que quiso imponer -sin éxito- el equipo local. Sucede que en Göteborg anochece alrededor de las 10:45 pm y los primeros rayos de sol son visibles desde las 3:30 am, por lo cual la noche dura poco más de cuatro horas. La ecuación que completan una población joven y el liberal estilo de vida sueco arroja como resultado pocas horas de sueño y bastante más diversión que la que se vio sobre el campo del Ullevi con un partido en el que, además, ambos equipos no quisieron arriesgar potenciales lesiones o complicaciones a tan pocos días del viaje a Rusia.

Así, afirmar que el Perú tuvo un cable a tierra en esta ciudad cashless no sólo es exagerado, sino descontextualizado. El favorito a todas luces era Suecia, y fue más bien el cuadro local el que acabó complicado por un Perú que sabe a qué juega y que también sabe a qué puede jugar cuando lo primero no sale. Como prueba de suficiencia, fue bastante útil; y la sonrisa ancha de Gareca en conferencia de prensa post partido refleja el buen semblante que predomina en un equipo con cifras de rendimiento absolutamente por encima de cualquier estimado previo. La tarjeta blanquirroja tiene crédito: uno que quizá no alcance para sobregirarse, pero sí para pasarla decentemente bien en el primer mundo futbolístico a partir del 16 de junio, cuando estos 36 años de miseria hayan definitivamente terminado.

 

Por Roberto Castro 

Fundador de DeChalaca y colaborador de SE reportando desde Göteborg 

 

11 de Jun, 2018
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Maracaibo, Venezuela
28 de Mayo, 2020

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