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Opinión

EL VERDADERO CULPABLE: MARTIN VIZCARRA

Las grandiosas reformas políticas que planteó el postizo presidente Vizcarra acabaron siendo lo que siempre fueron: una escusa para disimular su incapacidad como jefe del Estado.

Este improvisado presidente surgido como sustituto de Pedro Pablo Kuczynski tras la renuncia de éste por sus enredos en el affaire Odebrecht fue –desde el primer día en que asumió el poder– incapaz de definirle un norte al Perú hacia adonde mirar durante los siguientes tres años y meses de gobierno que le restaban al denominado régimen ppkausa. Su mensaje –al tiempo de asumir el cargo– se limitó a referirse a lugares comunes, a promesas estereotipadas y a frases bonitas para la platea. Pura palabrería. Como suelen hacer esos ineptos demagogos que integran la ralea de los politicastros. Fue un buen estreno para quien no tiene la menor idea de cómo gobernar una nación hirsuta con 30 millones de esperanzados pobladores. La inmensa mayoría informales –por tanto ajenos al Estado y alérgicos a la ley y el orden–, otros sin educación, y buena parte de quienes conforman la clase media-alta acostumbrados a adular al poderoso de turno. De ahí su éxito inmediato, magníficamente capitalizado por la progresía marxista, sabedora de sus artes para secuestrar al neófito en palacio y hacerse del control total del poder. “Es lo mejor que tenemos, de modo que hay que apoyar a Vizcarra”, fue el estratégico grito de guerra de los caviares que acabaría por embobar a las siempre ilusionadas mayorías, aún desconcertadas tras el escándalo de corrupción que desembocó en la renuncia de PPK.

Mientras la gente digería el jarabe curalotodo contenido en aquella estratagema de los caviares, la realpolitik avanzaba rauda, inexorablemente. La reconstrucción del Norte era un mito; la red hospitalaria del Estado colapsaba, igual que las escuelas públicas; la inseguridad ciudadana alcanzaba a cotas terroríficas; el desgobierno era manifiesto en Las Bambas. Peor en Tía María, donde no gobierna Vizcarra sino un atrabiliario apellidado Cáceres Llica. Los ejemplos de la ineptitud de Vizcarra llenarían páginas enteras.

Sin embargo, tal como antes ocurriera con su predecesor Kuczynski, la salida que usó Vizcarra para disfrazar su gigantesca inutilidad fue una artimaña política: “La oposición destructiva del Congreso no me deja gobernar”. Vamos por partes. El poder Ejecutivo es el único que gobierna. Y lo hace con los instrumentos que le pide al Legislativo. En este caso, la aprobación oportuna y sin regateos del Presupuesto de la República y el otorgamiento de facultades extraordinarias; fundamentalmente al inicio de la gestión para evitar demoras en debatir leyes que el Ejecutivo consideraba necesarias para sus objetivos. Pues resulta que el Congreso –¡sí, este Congreso “obstruccionista”!– aprobó en tiempo récord los presupuestos tanto de Kuczynski como de Vizcarra. Y asimismo concedió a ambos la autorización para que legislen mediante decretos. Sólo Vizcarra ha emitido cerca de 200 decretos legislativos. Consecuentemente el desgobierno que transpira el abandono del norte, la inseguridad ciudadana, el caos hospitalario, la ruina escolar, la anarquía en Arequipa, etc. es incumbencia ex-clu-si-va de Vizcarra. No de una supuesta obstrucción del Congreso .

 

Luis García Miró

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11 de Ago, 2019
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