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Opinión

Sin Barbados el chavismo tomará la Asamblea Nacional

Trataron de mostrar que en el chavismo también había diferencias entre Diosdado Cabello y Maduro, cuando éste, desde su programa, aseguraba que aquí no habrá ninguna elección presidencial

La decisión del chavismo de liquidar el proceso de negociación en Barbados no fue por las últimas sanciones económicas lanzadas por Estados Unidos. El anuncio de que allí no iba a ocurrir nada, que allí no se negociaría nada de lo aspirado por la oposición y 80% de los venezolanos, como elecciones libres con un nuevo CNE y supervisión internacional, lo dijo días antes Nicolás Maduro cuando reveló las verdaderas intenciones de su gobierno: “el diálogo puede extenderse por años”. 

Esa afirmación había estado precedida por una que decía todo lo contrario cuando sus voceros y el propio Maduro aseguraban días antes que ya había un acuerdo en Barbados y que pronto habría elecciones. 

Esa postura no era más que parte de una campaña para crear incertidumbre en la oposición, dividirla y dejar entrever que los altos dirigentes opositores tenían acuerdos “ocultos” con el chavismo. Al mismo tiempo se desplegaba una campaña en las redes sociales de intrigas, de supuestos pagos, compras de dirigentes y otras triquiñuelas, que supuestamente se manejaban tras bastidores. 

Trataron de mostrar que en el chavismo también había diferencias entre Diosdado Cabello y Maduro, cuando éste, desde su programa, aseguraba que aquí no habrá ninguna elección presidencial y solo habrá Parlamentarias en 2021. Ello formaba parte de un juego de generar incertidumbres que perseguían generar la división en la oposición y debilitar el apoyo al presidente de la Asamblea Nacional. 

El objetivo de alargar las negociaciones ya no era viable por la escalada de las sanciones de Estados Unidos. Mientras la Unión Europea confiaba en que se podían hacer elecciones supervisadas, aún con Maduro en el poder, enviando numerosos observadores internacionales; Estados Unidos, ya consideraba que ello era una postura ingenua, profundizó las sanciones. 

Es así que sancionó directamente a los hijos de Cilia Flores, el entorno de Maduro, a uno de sus principales financistas, acusó a Tarek El Aissami de narcotráfico y finalmente congeló las cuentas y propiedades del gobierno chavista en EEUU. Su postura frente al diálogo se resumió en: elecciones libres, con un nuevo CNE y sin Maduro en el poder. Sin esas tres variables Estados Unidos no eliminaría las sanciones. 

Esto cerró definitivamente las opciones de la cúpula que gobierna de quedarse por unos años más en el poder mientras se fortalecía mediante apoyos y acuerdos con Rusia, China e Irán. 

Vale destacar, que al igual que ocurrió en los tiempos de Manuel Noriega en Panamá, las sanciones económicas si bien le dan un golpe mortal a las finanzas del gobierno, la cúpula chavista se financia con el oro y el petróleo que se vende en el mercado negro para cubrir los gastos y financiar las élites políticas y militares y para ello es indispensable la alianza que mantiene con países enfrentados a EEUU con cuyo apoyo evaden la vigilancia de las operaciones financieras y mercantiles. En el caso de Noriega el financiamiento provenía del narcotráfico. 

Hasta hace una semana Estados Unidos descartaba la acción de fuerza, aunque propagandísticamente, en este caso, la amenaza militar siempre está presente. Más aún como en este caso, el conflicto alcanza niveles de intereses geopolíticos por la alianza China, Rusia y Cuba, frente a EEUU y la Unión Europea, en la cual Venezuela es un territorio en disputa. 

La crisis económica venezolana ya estaba encaminada por la destrucción del aparato productivo que llegó incluso a Pdvsa y en la alta corrupción reflejada en decenas de procesos judiciales en el mundo por lavado de dinero sucio en contra de ex ministros, altos funcionarios y empresarios asociados al poder político. 

La devastación de Guayana y las mafias armadas operando en todos los niveles es una lamentable muestra de los efectos finales de una política destructiva que costará muchos años y una nueva generación para desterrarla y recuperar el territorio. Esa imagen se extiende en diversas formas en todas las áreas del país en donde la extorsión pagada en divisas es la que manda. 

No se puede prever lo que ocurrirá en adelante y podrían producirse situaciones inesperadas. La división del sector democrático ha sido un punto de debilidad para consolidar una sólida posición de cambio frente a un gobierno que se ha instalado en el poder por 20 años, con el apoyo de una alianza internacional, liderada por Rusia, que ha buscado fortalecer su poder en Latinoamérica a través de Cuba y Venezuela. 

El siguiente objetivo del madurismo es tomar a la Asamblea Nacional que se producirá a través de una convocatoria a elecciones que se realizará en los primeros meses de 2020, con el mismo CNE y sin Barbados. Apoyados en la abstención y la división opositora. Con ello estiman eliminar el principal poder legítimo opositor y su presidente reconocido y respaldado por 55 países del mundo democrático. 

 

FRANCISCO OLIVARES @folivares10   

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11 de Ago, 2019
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