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Opinión

DE LA SUPERVIVENCIA

Los sistemas materialistas se fortalecen en la medida en que debilitan al ser humano. Por eso convierten la religión en sentimiento, la cultura en propaganda ideológica, la política en guerra...

Luego de cuarenta años de trabajo continuado, sumando buen número de publicaciones a las bibliotecas de psicoanálisis, Eric Fromm retoma el tema central de sus desvelos intelectuales en su texto “La revolución de la esperanza”. Habla de las alternativas a la deshumanización, presentando su plan programático-político para desafiar un futuro que no parece traer las soluciones tan anheladas al problema de la felicidad humana.

Fromm se pregunta si estamos condenados a “producir gente enferma para tener una economía sana”, o si “existe la posibilidad de emplear nuestros recursos materiales, nuestros inventos y nuestras computadoras al servicio de los fines del hombre”. Se pregunta, en definitiva, si “debe la mayor parte de las personas ser pasiva y dependiente a fin de tener fuertes organizaciones que funcionen bien”. Imbuidas de marxismo, las ideas del psicoanalista bien podrían aplicarse a los regímenes comunistas, sustituyendo las organizaciones por el Estado.

Los sistemas materialistas se fortalecen en la medida en que debilitan al ser humano. Por eso convierten la religión en sentimiento, la cultura en propaganda ideológica, la política en guerra y la economía en sobrevivencia egoísta. Ámbitos humanos por excelencia –religión, política, cultura, economía– deben ser reducidos a la dimensión cuasi instintiva del ser humano, para que el materialismo corone sus metas.

Dejar el mando de lo propiamente humano a la dimensión instintiva del placer no supone animalizar a los individuos sino envilecerlos. No se trata de dejar que los leones se comporten como leones, las serpientes como tales y las palomas como ingenuos pajaritos. Fromm recomendó sustituir la religión por el “confort social” y la esperanza por la satisfacción de simples expectativas. De ahí parte la degradación de todo.

El logos entendido como la razón que ordena, clarifica, jerarquiza y decide, se considera una instancia opresora y represiva. Lo curiosos, y de aquí parte el envilecimiento humano, es que el ámbito represivo de la razón sólo hay que suprimirlo hacia uno mismo. En lo social, en cambio, el orden racional hay que imponerlo por la vía de la opresión y del castigo: el leviatán.

Por eso, no se ocultan al pensamiento las enormes coincidencias que hay entre relativismo y absolutismo, entre “que cada quien haga como le dicten sus instintos políticos, económicos o religiosos” y “el orden hay que imponerlo por vías de fuerza porque las personas nunca lo harán por su propia racionalidad”: El logos exterior –opresión, imposición, instancia represiva– se asocia con el eros íntimo –permisivismo, laxitud, desenfreno–. Grande afinidad que, a base de una pseudo libertad, va carcomiendo los fundamentos éticos de toda sociedad que pretenda conducirse bajo criterios de apertura. No es posible defender la libertad si se vive bajo la más ramplona dictadura del placer y el hedonismo.

En nuestra interminable tragedia, el logos opresor y el eros permisivo nos están paseando por los pasajes más detestables de nuestra venezolanidad. Mientras unos sobreviven de la basura, otros justifican el tráfico de comida y gasolina para “sobrevivir” a las sanciones económicas. La enajenación moral del egoísmo es tal que el mismo concepto de esperanza queda mutilado. Lo único que importa es el provecho inmediato hoy. Decía Fromm: “A fin de estar en las mejores condiciones de proveerse, las personas deben reprimir tanto el miedo y la duda como la depresión, el aburrimiento y la falta de esperanza. La esperanza es un estado, una disposición interna para actuar (activness)”.

Ese activismo incondicional del instinto más primitivo es lo que explica la degradación de todo: desde la decadente situación de vandalismo en que ha devenido el sistema de las cajas CLAP, la entrega de nuestra máxima industria y quien sabe si hasta concesiones de nuestra territorialidad.

Así se comportan las fuerzas motrices de nuestro devenir histórico. Mientras tanto, millones de venezolanos, dentro y fuera del país, elevan su llanto y sus plegarias sin rastro de resignación o indiferencia ante lo que está ocurriendo en nuestra nación. Actitud que ya nos conduce por un destino distinto.

MERCEDES MALAVÉ mmmalave@gmail.com

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12 de Feb, 2020
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Maracaibo, Venezuela
03 de Junio, 2020

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