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Política

 CAMINO “LARGO Y DIFICIL”

La pandemia del Covid-19 sigue dando cuenta de vidas y sembrando el pánico y la destrucción en el mundo entero sin respetar distancias geográficas, realidades culturales ni modelos polìticos de gobierno.

Tanto que todavìa no es tiempo de valorar el verdadero costo y las consecuencias posibles de una tragedia que cuando menos, como dice Henry Kissinger “cambiarà el orden mundial” en el plano geopolìco y económico, pero que también se reflejarà en el comportamiento y las costumbres de una población condenada al confinamiento y a una caprichosa cuarentena. Sin embargo, falta por estimar los verdaderos alcances de la etapa de recuperación y reconstrucción que será igualmente dolorosa y complicada pero en este caso medida por las fortalezas o debilidades de cada país. Si para Estados Unidos como asegura su Reserva Federal serà “un camino largo y difícil”, al igual que para las naciones de la Uniòn Europea, como para regiones asiàticas y africanas, los próximos meses y años serán particularmente inciertos y severos para Amèrica Latina ya castigada por la caída económica, la desigualdad social y las crisis de inestabilidad política, un cuadro que por cierto tiene su expresión màs elocuente y dramàtica en el llamado “Caso Venezuela”.

CONTINENTE DE LA ESPERANZA

Durante varios años pareció confirmarse la frase que definìa a la Amèrica Latina como “el continente de la esperanza” por su potencial económico, sus inmensas riquezas naturales, el aporte de una población joven, experiencias de integración regional, y la tendencia a la estabilización de gobiernos democráticos luego de décadas bajo “la maldición histórica de despotismo o libertad”. Sin embargo, en el último lustro la dirección tiende a cambiar con reacomodos en el mercado mundial: la exportación de materias primas principalmente a la región asiática ha decaído al igual que la inversiòn extranjera, los espacios de complementación e intercambio comercial no operan con eficacia, se multiplican y agravan las cifras de desigualdad social con mayores niveles de pobreza y màs grave àun de pobreza extrema; y por añadidura, el 2019 resurgen las tensiones y las crisis políticas en algunos de sus principales países con lo que ello significa tradicionalmente en la historia latinoamericana. En ese contexto toca valorar los inevitables efectos que habrá de provocar la guerra del coronavirus.

Los últimos informes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y que coinciden en lo esencial con las cifras de CEPAL y el BANCO MUNDIAL vaticinan ya tiempos difíciles en los próximos meses para las mayores economías del continente. Si bien se estima una contracción del 3% a nivel mundia,l estas regiones del área registraràn números como los siguientes: Brasil 5,3;%, Mèxico 6,6%, Argentina 5,7%, Colombia 2,4%; mientras que en Venezuela será de 15%, una cifra menor si se considera que en 2019 fue de 35%. Todo ello revela la necesidad para la recuperación promedio de una fuerte cooperación multilateral para complementar los esfuerzos y las medidas que se apliquen en la emergencia. En el ámbito de la gobernabilidad y la convivencia política habrìa que esperar el desenlace (ahora también en cuarentena), de los conflictos y enfrentamientos que se viven en Chile, Bolivia, Ecuador, Perù, Colombia y el màs grave e impredecible en Venezuela.

ACUERDO O CATASTROFE

El reciente 11 de abril de 2020, se recordaron 18 años de la salida por tres días de Hugo Chàvez del poder, luego de una gigantesca movilización popular en Caracas y la exigencia del alto mando militar. La operación estimulada por nuevos factores de la sociedad civil que advertían sobre el comienzo de la implantación de un modelo autoritario y de naturaleza ideológica contraria a la tradición democrática, fuè cooptada por un cìrculo de empresarios y políticos en plan conspirativo que condujo al fracaso de la aventura y al retorno del gobernante. Desde un año antes ya se sentían los efectos de una polarización y una conflictividad que habrìa de prolongarse (con breves paréntesis de diálogos y elecciones) ya por dos décadas en paralelo a gobiernos (Chàvez y Maduro) que han profundizado un sistema comprobadamente inviable pero que ahora se inserta en el juego de las grandes potencias en la pugna económica, militar y tecnológica por el control del mundo. Ya se conoce en el ámbito internacional lo que representa el “Caso Venezuela” y sus consecuencias sociales y económicas que serán ahora agravadas por el tsunami del Covit-19, y ante la cual como lo reconoce el sentido común y la percepción del màs modesto dirigente político sòlo cabe la vìa del diálogo y los acuerdos. De otra manera el dilema es simple: paz o destrucción. La dirigencia nacional, absorbida en su comprobada mediocridad, parece escoger tranquilamente la última. Como aquel mediodía del 11 de abril de 2002 en Miraflores. Y lo mas lamentable, con los mismos actores.

Por Carlos Roque

www.eneltapete.com

24 de Abr, 2020
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Maracaibo, Venezuela
28 de Mayo, 2020

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